EL DOGMA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD EN EL CRISTIANISMO PRIMITIVO

La Santísima Trinidad en los primeros cristianos

 Los padres de la Iglesia primitiva ya utilizaban el término “Trinidad”

 

¿Evolucionan los dogmas en la Iglesia? Teniendo en cuenta el desarrollo histórico de la Iglesia, podríamos decir que si bien no evolucionan en cuanto a su contenido (la verdad es la misma ayer, hoy y mañana), se desarrollan en cuanto a la conciencia que de ellos va adquiriendo la Iglesia. Así, el tiempo ha permitido que la terminología vaya enriqueciéndose para expresar de forma más precisa, lo que la Iglesia ha creído siempre.

 

El dogma de la Santísima Trinidad, Masacio

Respecto al dogma sobre la unidad de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, ya en los primeros cristianos surge el término “Trinidad”, como una forma de definir el misterio de que hay un solo Dios en Tres Personas distintas que tienen una misma naturaleza o sustancia.

Aunque algunas personas defienden que la doctrina Trinitaria fue “inventada” bajo la influencia del paganismo sobre el cristianismo, nada mejor que estudiar el testimonio de los primeros cristianos anteriores al Concilio de Nicea (año 325) para conocer cuál fue el verdadero desarrollo de la doctrina Trinitaria a lo largo de la historia. 

El Testimonio de los primeros cristianos

 

1. La Didaché

 

La DidachéLa Didaché es un excelente testimonio del pensamiento de la Iglesia primitiva, y lo mencionamos por incluir un testimonio de cómo la fórmula bautismal Trinitaria era utilizada por la Iglesia Primitiva.

“Acerca del bautismo, bautizad de esta manera: Dichas con anterioridad todas estas cosas, bautizad en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo en agua viva.  (Didaché, VII, 1)

 2. El Martirio de Policarpo (155 d.C.)

San Policarpo

 

Es una carta de la Iglesia de Esmirna a la comunidad de Filomeno donde se narra el martirio de San Policarpo, discípulo directo del apóstol San Juan y obispo de Esmirna. Es uno de los escritos apostólicos que hace uso de las bellas doxologías Trinitarias que expresan tan claramente el dogma Trinitario.

“A Él [Jesucristo] sea la gloria con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.” (Martirio de Policarpo, XXII, 3)

3. Arístides de Atenas(mitad del siglo II)

Dejó una apología de la fe dirigida al emperador Adriano César. En dicha apología Arístides utiliza la fórmula Trinitaria mencionando a las tres Personas Divinas.

“Este tuvo doce discípulos, los cuales, después de su ascensión a los cielos, salieron a las provincias del Imperio y enseñaron la grandeza de Cristo, al modo que uno de ellos recorrió nuestros mismos lugares predicando la doctrina de la verdad, pues conocen al Dios creador y artífice del universo en su Hijo Unigénito y en el Espíritu Santo, y no adoran a ningún otro Dios fuera de éste.(Arístides, Apología XV, 2)

4. Atenágoras de Atenas (178 d.C.)

 

Atenágoras aún sin usar el término Trinidad es bastante explícito al definirla. He aquí su forma de explicar la Trinidad:

“Así, pues, suficientemente queda demostrado que no somos ateos, pues admitimos a un solo Dios increado y eterno e invisible, impasible, incomprensible e inmenso, sólo por la inteligencia a la razón comprensible… ¿Quién, pues, no se sorprenderá de oír llamar ateos a quienes admiten a un Dios Padre y a un Dios Hijo y un Espíritu Santo, que muestran su potencia en la unidad y su distinción en el orden? (Atenágoras de Atenas, Súplica en favor de los cristianos)

5. San Ireneo de Lyon(140 d.C.- 202 d.C.)

San Ireneo

 En su célebre tratado “Contra las Herejíasexpresa con claridad la fe Trinitaria de la Iglesia en un Solo Dios Padre, un Solo Señor Jesucristo y en el Espíritu Santo. Jesucristo es para los cristianos “Señor y Dios y Salvador y Rey”. Particularmente importante es el testimonio de San Ireneo sobre que dicha doctrina es predicada y creída por todas las Iglesias del orbe, cual si tuvieran una sola boca o un solo corazón, ya que este testimonio es bastante anterior al concilio de Nicea.

 “Que el Verbo, o sea el Hijo, ha estado siempre con el Padre, de múltiples maneras lo hemos demostrado. Y que también su Sabiduría, o sea el Espíritu estaba con El antes de la creación.”  (Ireneo de Lyon, Contra las herejías IV,20,3)

6. Teófilo de Antioquía  (180 d.C.)

San Teófilo

Así como Tertuliano sería el primero en utilizar el vocablo latino Trinitas, San Teófilo sería el primero en utilizar la palabra griega Τριας (trinitas) para expresar la unión de las tres Divinas Personas en Dios.

“Los tres días que preceden a la creación de los luminares son símbolo de la Trinidad, de Dios, de su Verbo y de su Sabiduría.” 

“Teniendo, pues, Dios a su Verbo inmanente en sus propias entrañas, le engendró con su propia sabiduría, emitiéndole antes de todas las cosas. A este Verbo tuvo El por ministro de su creación y por su medio hizo todas las cosas….Este se llama principio, pues es Príncipe y Señor de todas las cosas por Él fabricadas.”  (Teófilo de Antioquia, Ad Autolycum, II,15)

7. Tertuliano(160 – 220 d.C.)

Tertuliano

 Fue el primero en aplicar el vocablo latino Trinitas (Trinidad) a las tres divinas Personas. En “De pudicitia” escribe:

“..Para la misma iglesia es, propiamente y principalmente, el Espíritu mismo, en el cual es la Trinidad de Una Divinidad – Padre, Hijo y Espíritu Santo.”  (Tertuliano, Sobre la modestia, 21)

En “Adversas Praxean” da una explicación de la doctrina Trinitaria aún más completa.  Afirma que el Hijo es “de la substancia del Padre”: Filium non aliunde deduco, sed de substantia Patris, y el Espíritu es “del Padre por el Hijo”: Spiritum non aliunde deduco quam a Patre per Filium.

Si la pluralidad en la Trinidad te escandaliza, como si no estuviera ligada en la simplicidad de la unión, te pregunto: ¿cómo es posible que un ser que es pura y absolutamente uno y singular, hable en plural: “Hagamos al hombre a imagen y semejanza nuestra”?

Tertuliano se sirve del término “persona” para explicar que la Palabra (lógos) es distinto del Padre en “en el sentido de persona, no de substancia, para distinción, no para división” y la cual aplica también al Espíritu Santo a quien llama “la tercera persona”.

8. Orígenes(185 – 254 d.C.)

OrígenesOrígenes utiliza frecuentemente el término Trinidad y que el Hijo procede el Padre, y dado que Dios es eterno, sigue que este acto de generación es también eterno, por lo que el Hijo no tiene principio y no hubo un tiempo en que Él no existiera. 

De este modo, se opone con antelación a la herejía del arrianismo que afirmaría posteriormente lo opuesto: que hubo un tiempo en que el Hijo no existía.

 

9. Justino Mártir(165 d.C.)

San Justino

En su primera apología distingue claramente y por orden a las Tres Personas Divinas:

“Y luego demostraremos que con razón honramos también a Jesucristo, que ha sido nuestro maestro en estas cosas y que para ello nació, el mismo que fue crucificado bajo Poncio Pilato, procurador que fue de Judea en tiempo de Tiberio César, que hemos aprendido ser el Hijo del mismo verdadero Dios y a quien tenemos en segundo lugar, así como al Espíritu profético tenemos en el tercero.” (Justino Mártir, Apología I, 13,3)

 

10. Cipriano de Cartago(205 – 258 d.C.)

San Cipriano

 Nació hacia el año 205, probablemente en Cartago. Se dedicó en su juventud a la retórica. En 248, San Cipriano fue elegido obispo de Cartago.

Cipriano de Cartago declara la divinidad de Cristo numerosas veces, y afirma que quien niegue que Cristo es Dios no puede ser templo de Dios.

“Después de la resurrección, cuando el Señor envió los apóstoles a las naciones, Él les ordenó bautizar a los gentiles en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo… Cristo mismo ordenó que las naciones sean bautizadas en la completa y unida Trinidad.  (Cipriano de Cartago, Carta 73,18)

11. Dionisio de Roma (Siglo III)

 

Siendo Papa desde el 259 al 268 combatió el modalismo y el subordinacionismo. En la carta a Dionisio de Alejandría el Papa dice Es necesario, sin embargo, que la palabra divina [Jesucristo] esté unida con Dios del Universo; y el Espíritu Santo debe respetar y morar en Dios. Por tanto la Trinidad Divina debe ser reunida en Una, una cumbre, como si fuera – quiero decir, el Dios Omnipotente del Universo.”

“Ni entonces podemos dividir en tres cabezas divinas la maravillosa y divina monarquía, ni desacreditar llamando “obra” la dignidad y excelente majestad de nuestro Señor, pero debemos creer en Dios, el Padre Todopoderoso, y en Jesús su Hijo , y en el Espíritu Santo, y sostenemos que a el Dios del universo la Palabra está unida.”  (Carta a Dionisio de Roma a Dionisio de Alejandría)

   

Conclusión

 

Después de haber estudiado los principales testimonios patrísticos anteriores al Concilio de Nicea (325 d.C.) no es difícil darse cuenta que la doctrina Trinitaria no es ninguna novedad y mucho menos un invento del paganismo. La Iglesia fue fiel en reconocer que hay un solo Dios, siendo el Padre Dios, el Hijo Dios, y el Espíritu Santo Dios, y esta verdad era comprendida y enseñada con mayor o menor claridad en la Iglesia de los primeros cristianos.

Es claro también que la mayoría de ellos rechazaban abiertamente tanto el arrianismo (que afirmaba que Jesucristo era un dios menor creado subordinado al Padre y que alguna vez no existió) y el modalismo (que afirmaba que había una sola Persona Divina en Dios, siendo el Hijo el Padre y viceversa, pero manifestados de manera diferentes).

Ciertamente algunos padres no comprendieron en su totalidad el misterio Trinitario, cosa totalmente comprensible en una materia de tanta complejidad. Han sido precisamente conflictos tan graves como el arrianismo y otras herejías, las que han dado oportunidad a la Iglesia para profundizar en estas verdades de fe.

 

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3 pensamientos en “EL DOGMA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD EN EL CRISTIANISMO PRIMITIVO”

  1. De un tiempo a esta fecha he estado en contacto con personas que profesan las doctrinas de los Testigos de Jehová. Como acostumbro respetar a mi prójimo, los he acogido fraternalmente. Y aunque a una de sus primeras preguntas «¿Usted no será católico, verdad?». Respondí que era precisamente Católico Apostólico Romano, hemos mantenido nuestra cordial relación.
    Ellos tratando de convencerme con muchísimos argumentos de que estoy equivocado y yo intuitivamente seguro de las palabras del Señor a Pedro «Y ahora yo te digo: Tú eres Pedro, o sea piedra, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las fuerzas del Infierno no la podrán vencer.» Mt.16,18.
    Como es natural en estos casos en que alguna denominación religiosa hace trabajo de proselitismo, me han calificado como sujeto de potencial conversión. En ese proceso, además de los intercambios sobre puntos de vista doctrinales, he estado recibiendo ejemplares de su literatura, y como es mi costumbre, la he leído con espíritu crítico. Muchos de los artículos, sobre todo aquellos que tienen que ver con la sociedad en general o la ciencia en particular, más allá de los alarmismos, pueden ser suscritos por cualquier persona de buena voluntad con conocimientos generales promedio.
    Otro tema ha sido, sin embargo, nuestro debate sobre la Trinidad. Yo, simple mortal, no soy capaz de retener en la memoria, no ya citas, sino ni tan siquiera sus códigos de referencia. Pero no conformes con haberme sepultado bajo toneladas de citas y referencias bíblicas, mis interlocutores me obsequiaron la monografía ¿Debería creer usted en la Trinidad? subtitulado ¿Es igual Jesucristo al Dios Todopoderoso?, obra impresa en 1989 por Watch Tower Bible and Track Society. Quede abrumado con tanta aparente erudición.
    Yo, simple mortal, vuelvo a repetir, como no podía retener en la memoria citas o referencias, mucho menos tengo capacidad para explicar y demostrar la validez de la doctrina Trinitaria, a la que eruditos como Karl Rahner definen como «misterio sólo comprensible mediante la revelación»; o un inspirado como Juan Pablo II define como «misterio inescrutable de Dios». Ante esas incapacidades congénitas ¿qué podía hacer una persona común como yo? decidí terminar por redondear mis nuevos “conocimientos” sobre los puntos de vista de los Testigos de Jehová en referencia a lo que los Católicos denominamos Santísima Trinidad, mediante una atenta lectura de estudio a la mencionada monografía, que luego complementé con el rastreo bíblico de los atisbos de la Trinidad. Gracias a Dios que lo hice. Antes intuía, pero ahora estoy totalmente convencido de que a la doctrina de la Trinidad se apunta en las Sagradas Escrituras desde el comienzo mismo del Génesis , y que las discusiones bizantinas no llevan a nada positivo.
    Después de esa aventura intelecto-religiosa creo haber salido fortalecido en mi fe Católica porque ahora he comprendido que para la fe –don de Dios- sólo son necesarios algunos puntos de apoyo referenciales para transustanciarla en razón. Intentaré explicarme.
    Creo que para alguien que se sienta cristiano, la fe puede ser definida como una certeza absoluta en que las promesas de Jesús de Nazaret, se cumplirán ineluctablemente; y que sus enseñanzas son la revelación de la Verdad. Al menos, así es como yo sentía mi fe antes de esta aventura, y como ahora, después de ella la he confirmado, no se si suene presumido, pero con toda sinceridad debo acotar que a través de la razón.
    Por cuestiones de tiempo, espacio y sentido común, no voy a exponer, uno por uno, los procesos que me llevaron a desechar racionalmente, cada argumento en contra de la doctrina de la Santísima Trinidad expuestas en la mencionada monografía. En lugar de eso, mostraré, a modo de ejemplos, algunas de las incoherencias del discurso de la monografía de marras, y al final señalaré los pívots referenciales sobre los que sustento mi fe en la Palabra de Nuestro Señor Jesucristo.
    En uno de sus textos los Testigos establecen una premisa: «Cualquier remisión a la Biblia como prueba tiene que entenderse teniendo como contexto lo que toda la Biblia enseña consecuentemente. Con mucha frecuencia los versículos circundantes, que dan el contexto, aclaran el verdadero significado del texto bíblico en cuestión.»
    Estoy plenamente de acuerdo. Todo versículo tiene que estar contextualizado para poder ser comprendido. En ese punto sobre el que tanto este autor como sus interlocutores estamos de acuerdo basaré el desmontaje de algunos de los argumentos de la doctrina anti trinitaria de los Testigos de Jehová.
    En cierto pasaje se vislumbra que no aceptan la naturaleza mistérica de la Trinidad, y afirman al traducir de cierta forma 1Corintios 14,33 que «No es Dios una confusión» .
    Sin embargo, sin descontextualizar el mencionado texto, parece más razonable la siguiente traducción: «(29) En cuanto a los profetas, que hablen dos o tres, y que los demás profetas digan su parecer. (30) Y si a otro le llega una revelación mientras está sentado, que se calle el que hablaba. (31) Pues pueden profetizar todos, uno por uno, para que todos aprendan y todos sean animados. (32) Los espíritus que hablan por los profetas obedecen muy bien a los profetas, (33) porque Dios no es Dios de desorden, sino de paz».
    El Apóstol Pablo se refiere al establecimiento de un orden interior en una comunidad específica y por ello establece un paralelismo con el orden y la paz de Dios, como modelo a seguir. Por eso parece más razonable hablar de desorden que de confusión. Si se estuviera refiriendo a la comprensión de un texto, digamos, sería válida la “traducción” de los Testigos de Jehová, pero no es el caso.
    Esto, que pudiera parecer secundario respecto a la doctrina que se cuestiona, señala sin embargo, como después de plantear un principio para la correcta interpretación de los textos bíblicos, lo abandonan para forzar un punto de vista. Y esta afirmación, como queda demostrado, es un hecho, no una especulación.
    Por otra parte, la monografía que nos ocupa establece, podría decir que metodológicamente, la interrelación de referencias bíblicas para sostener sus puntos de vista. Con ese principio metodológico también estoy completamente de acuerdo, sin embargo, la manera en que lo utilizan los autores de la mencionada monografía es, cuando menos, deficiente. Para comprobarlo creo que es suficiente el siguiente ejemplo.
    En cierto lugar del texto que nos ocupa sus autores se refieren al versículo 2, 6 de la carta a los Filipenses como sigue: «A este respecto, Ralph Martín, en The epistle of Paul to the Philippians, dice sobre el griego original: “Sin embargo, es cuestionable el que el sentido del verbo pueda deslizarse de su verdadero significado de apoderarse de, arrebatar voluntariamente al de tener firmemente asido”. The Expositor´s Greek Testament dice también: “No podemos hallar ningún pasaje en que άρπάςώ (har-pa-zo) o alguna derivación suya tenga el sentido de tener en posesión o retener. Parece que significa invariablemente apoderarse de, arrebatar violentamente. Por eso no es permisible deslizarse del verdadero sentido de asir ávidamente a uno que es totalmente diferente: tener firmemente asido”» .
    Sin embargo, como espero demostrar a continuación, aquí se reitera la descontextualización ya probada unos párrafos antes y además, quedarán reveladas otras deficiencias analíticas de los autores de la monografía: «¿Debería creer usted en la Trinidad?» El texto bíblico en cuestión, sin ser descontextualizado dice según la Biblia Latinoamericana, lo siguiente:
    Filipenses 2,1-11
    «(1) Si puedo darles advertencias en nombre de Cristo y si pueden oír la voz del amor; si compartimos el mismo Espíritu y somos capaces de compasión y ternura, (2) les pido algo que me llenará de alegría. Tengan un mismo amor, un mismo espíritu, un único sentir, (3) y no hagan nada por rivalidad o por vanagloria. Al contrario, que cada uno, humildemente, estime a los otros como superiores a si mismo. (4) No busque nadie sus propios intereses, sino más bien el beneficio de los demás.
    (5) Tengan unos con otros las mismas disposiciones que tuvo Cristo Jesús:
    (6) El, siendo de condición divina, no reivindicó, en los hechos, la igualdad con Dios, sino que se despojó, (7) tomando la condición de servidor, y llegó a ser semejante a los hombres. Más aún: al verlo, se comprobó que era hombre.
    (8) Se humilló y se hizo obediente hasta la muerte, y muerte en cruz.»
    Visto el contexto del versículo que los eruditos presentados por los Testigos de Jehová como peritos cuestionan, y donde se somete a investigación el término griego antiguo άρπάςώ (har-pa-zo). Sobre el que se debate si pudiera ser entendible como tener en posesión, lo que obra a favor de la doctrina trinitaria, o apoderarse de, que se opondría. Aquí es inevitable la pregunta: ¿Cuál era la intención de Pablo al dirigir a los Filipenses su epístola?
    Voy a proponer humildemente a la consideración del sentido común de los lectores la respuesta que derivo de mi interpretación del mencionado texto paulino: Pablo quería enseñar a los Filipenses que debían ser humildes de espíritu, desinteresados, alturistas. Para eso busco un paradigma digno del mayor crédito: Cristo.
    Ahora planteo las posibles proposiciones paulinas con las traducciones propuestas por los expertos lingüistas para comprobar si alguna pudiera ser consecuente con las intenciones didácticas de Pablo.
    1- El, habiéndose apoderado de la condición divina, no reivindicó, en los hechos, la igualdad con Dios, sino que se despojó, …
    2- El, habiendo arrebatado violentamente la condición divina, no reivindicó, en los hechos, la igualdad con Dios, sino que se despojó,…
    3- El, habiendo asido ávidamente la condición divina, no reivindicó, en los hechos, la igualdad con Dios, sino que se despojó,…
    Los hipotéticos textos anteriores serían las posibilidades que darían las acepciones de άρπάςώ (har-pa-zo) propuestas por los expertos en griego antiguo. ¿Alguna de ellas seria capaz de satisfacer las intenciones paulinas en el texto a los Filipenses? Sólo si Cristo hubiera sido de verdadera condición divina hubiera tenido valor didáctico el planteamiento de Pablo. Por esa razón me atrevo a asegurar que el texto de la Biblia Latinoamericana y cualesquiera otros con similar sentido estarían más cerca de las intenciones paulinas.
    Por otra parte, parece que los autores de la monografía que nos ocupa olvidaron correlacionar dos de los textos que son considerados, por ellos mismos, indicios de la Trinidad en las Sagradas Escrituras: Mateo 28, 19 y el de la epístola a los Filipenses tratado en los párrafos anteriores.
    El mencionado texto de Mateo, un poco ampliado para no descontextualizarlo dice:
    Mateo 28,18-20
    «(18) Entonces Jesús, acercándose, les habló con estas palabras:
    Todo poder se me ha dado en el Cielo y en la tierra. (19) Por eso, vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos, en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, (20) y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado. Yo estoy con ustedes todos los días hasta que termine el mundo.»
    Si sólo una de esas personas es Dios: el Padre, ¿por qué Jesús igualó al Hijo y al Espíritu Santo con el Padre en acto, tan caro a Cristo y al cristianismo, como el bautismo? Y si Jesús, de manera arrogante se igualó al Padre, ¿cómo puede después el apóstol Pablo predicar a los filipenses la humildad como virtud poniendo a Jesús como paradigma en Filipenses 2,1-11? ¿Era Pablo un farsante o un tonto? ¿Era Cristo un mentiroso y un arrogante? ¿Cómo pues, estaría Jesús con sus discípulos –y después con los discípulos de sus discípulos por los siglos de los siglos- si estaba junto al Padre? ¿No parece sugerir ese detalle que el Espíritu Santo es Cristo mismo en otra figura?
    Espero que los ejemplos anteriores sean suficientes para, al menos, apuntar a que los argumentos anti trinitarios de los Testigos de Jehová no se sustentan muy bien sobre sus pies.
    En otra parte, arguyen que Dios se ha comunicado con el hombre clara y abiertamente, y que si esa es digamos, la norma de Dios, y la deidad fuera Triuna, el propio Dios se hubiera mostrado inteligiblemente en esa forma para que el común de los hombres pudiera comprender su esencia. Para ellos la doctrina de la Trinidad es difícil de comprender. Llegan a asegurar que parece sólo para teólogos eruditos. Y en esa línea de razonamiento les parece ilógico un misterio tan incomprensible como ese, en contraste con que: «los discípulos de Jesús fueron gente humilde, común, no líderes religiosos» .
    Al constatar el desdén de los Testigos de Jehová por lo mistérico, debo acotar que no parece razonable negar el misterio de Dios, ni presentar su auto revelación como si tuviera una claridad meridiana ya que además de ser evidente una gradualidad paulatina en la revelación, las Sagradas Escrituras están llenas de pasajes de difícil comprensión, algunos oscuros, como Génesis 6 sobre la relación entre los hijos de Dios y las hijas de los hombres; o Génesis 14,19 sobre el rey de Salem: Melquisedec, sacerdote del Dios Altísimo, quien en aquel tiempo de sacrificios cruentos, ofrenda pan y vino. Otros profundos como Éxodo 3,13-15 y Éxodo 33,18-23, en los cuales Dios revela su Nombre y muestra su Gloria, pero sin la claridad que se le quiere adicionar. Además, pregunto yo, ¿puede alguien asegurarme que el lenguaje del profeta Isaías, por ejemplo, no es críptico? Por último, ¿qué decir del género apocalíptico? Tan simbólico, lleno de tantas metáforas e hipérboles, que han servido para que muchos especulen hasta saciarse en la búsqueda insensata de fechas exactas para acontecimientos futuros, ignorando que el propio Jesús dijo a sus discípulos «Pero, en cuanto se refiere a este Día o a esta Hora, no lo sabe nadie, ni los ángeles en el Cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre.» Mc. 13,32.
    Además, si para comprender las Sagradas Escrituras, como se infiere de los textos que aportan como demostración de su verdad los Testigos de Jehová, hay que ser experto en griego antiguo, ¿qué diferencia hace eso con la acusación de que sólo los teólogos pudieran comprender una doctrina como la Trinitaria? Ambos, expertos lingüistas y teólogos eruditos no formarían, en ningún caso, parte de la gente humilde y común que Jesús escogió como discípulos.
    Parece más consecuente con una fe sencilla, como la que podemos tener las personas que, como los escogidos por Jesús de Nazaret somos gente humilde, común, no líderes religiosos, aceptar con humildad la posibilidad de la existencia del misterio. A este respecto parece importante recordar el texto Juan 16,12-15 «(12) Tengo muchas cosas más que decirles, pero ustedes no pueden entenderlas ahora. (13) Y cuando venga él, el Espíritu de la Verdad, los introducirá a la verdad total.» Después de esas palabras de Jesús ¿cabe poner en duda que el Espíritu Santo nos introducirá a la verdad total? Si dudamos, ¿podemos afirmar que somos personas de fe?
    Jesús de Nazaret, quien escogió a sus discípulos entre las personas más humildes de su pueblo, no lo hizo irresponsablemente. Tenemos todo el derecho a pensar que también en esa elección se contienen algunas lecciones que deben ser comprendidas. Tomemos como ejemplo el caso de Simón Pedro, a quién, según Juan 21, 15-17, Jesús encomendaría su rebaño.
    ¿Cuáles eran las características que adornaban al primer pastor de la Iglesia de Cristo? Veamos.
    Insensato:
    Marcos 8,32-33
    «(32) Hablaba con mucha claridad (Cristo). (33) Debido a eso, Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo. En cierto momento Jesús se dio vuelta y vio a sus discípulos. Entonces reprendió a Pedro con estas palabras: “¡Detrás de mí, Satanás! Tú no piensas como Dios, sino como los hombres.”»
    Marcos 9,5-6
    « (5) Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: “Maestro, ¡qué bueno que estamos aquí!; levantemos tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.” (6) En realidad, no sabía lo que decía, porque estaban aterrados.»
    Lucas 9,33
    «Cuando éstos se alejaron, Pedro dijo a Jesús: “Maestro, ¡que bueno que estemos aquí!; levantemos tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.” Pues no sabía lo que decía.»
    Violento e insensato:
    Juan 18, 10-11
    «(10) Simón Pedro tenía una espada, la sacó e hirió a Malco, siervo del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja derecha. (11) Jesús dijo a Pedro: “Coloca tu espada en su lugar, ¿acaso no beberé la copa que mi Padre me da a beber?”»
    Cobarde (y no sólo Pedro):
    Juan 13, 37-38
    «(37) Pedro le dijo: ” Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Estoy dispuesto a dar mi vida por ti.” (38) Jesús respondió: “Tú, ¿dar tu vida por mí?” En verdad, te digo: antes que cante el gallo, me habrás negado tres veces.»
    Y luego Juan, 18, 17; 18, 25 y 18,27 donde se narran las tres negaciones.
    Juan 16, 31-32
    «Jesús respondió: “¿Ustedes dicen que creen? (32) Viene la hora, y ya ha llegado, en que se irán cada uno por su cuenta y me dejarán sólo. En realidad no estoy sólo: el Padre está conmigo.”»
    Con frecuencia se cuestiona la inteligencia de Simón Pedro. Y parece que esa característica se vislumbra en las palabras de Jesús en el evangelio: (15) «Jesús les preguntó: “¿Y ustedes, quién dicen que soy yo?”(16)Simón contestó: “Tú eres el Cristo, el hijo de Dios vivo.”(17) Jesús respondió: “Feliz eres, Simón Bar-jona, porque no te lo enseñó la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los Cielos.”» Mateo, 16, 15-17
    Entonces, ¿por qué Jesús afirmaría «Tú eres Pedro, o sea piedra, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia»?
    Jesús eligió discípulos defectuosos. Parece que quiso señalarnos que sabía que la asamblea que convocaba iba a estar plagada de errores y defectos, recordemos que entre los primeros doce estuvo también quien lo traicionó, y él conocía lo que iba a suceder. El redentor sabía que dejaba sus ovejas entre lobos y que siempre crece la cizaña dentro del trigo. No era ingenuo. Y cuando en cierto momento afirmó: «sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las fuerzas del Infierno no la podrán vencer» Mt.16, 18, ¿en quién confiaría Jesús para hacer tan rotunda afirmación, en el defectuoso material de su asamblea, o en la fortaleza del Espíritu Santo que la informaría, y quien según sus propias palabras procede del Padre y del Hijo?
    Pudiera extender este estudio muchas páginas pero creo que es suficiente. La clave de mi fe racional no está en el desmonte argumento por argumento de la tesis anti Trinidad, sino en la intuición de confiar en las palabras de Nuestro Señor. Y por tanto, esperar que a pesar de los muchos pecados acumulados durante siglos, por quienes hemos formado su Iglesia, la única que El fundó, las fuerzas del Infierno no la podrán vencer. Mt.16, 18, porque, el Espíritu de la Verdad, nos introducirá a la verdad total y porque El está con su Iglesia todos los días hasta que termine el mundo.

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