¿CÓMO FUERON LOS SUFRIMIENTOS DE CRISTO EN LA PASION?

24 03 2013

LA PASIÓN DE CRISTO EXPLICADA POR UN MÉDICO FISIÓLOGO

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Con motivo de la Semana Santa vamos a publicar una serie de artículos en los que el doctor Santiago Santidrian (Catedrático de Fisiología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra) nos explica desde el punto de vista fisiológico cómo fueron los dolores y sufrimientos que Jesús padeció durante las horas de su Pasión y Muerte.

¿Qué es lo que sintió Jesús en su cuerpo?  ¿cuáles fueron las reacciones de su organismo ante el suplicio?

Las descripciones de estos padecimientos están relatadas con sobriedad y sin exageraciones,  pero a la vez con la crudeza que tuvieron. Pensamos que pueden ayudar a revivir la Pasión personalmente y comprender más a fondo cómo fueron esos sufrimientos.

La conclusión es que la naturaleza humana  de Cristo era de una fortaleza tremenda para aguantar lo que aguantó.

Los capítulos de está serie son los siguientes:

 

1. LA ORACIÓN EN EL HUERTO                   25 DE MARZO

2. LA FLAGELACIÓN                                         26 DE MARZO

3. LA CORONACIÓN DE ESPINAS                 27 DE MARZO

4. CON LA CRUZ A CUESTAS                          28 DE MARZO

5. ES CLAVADO EN LA CRUZ                          29 DE MARZO

6. LA MUERTE DE CRISTO                              30 DE MARZO

 





15 películas para esta Semana Santa

23 03 2013

Esta semana -que, por tantos motivos, todo el mundo denomina Santa- es fecunda en representaciones de la Pasión: procesiones de pasos y tronos, obras teatrales, tradiciones centradas en la Cruz… Mil y un eventos artísticos inundan las calles y plazas de nuestro país, mostrando a las claras lo mucho que la cultura cristiana ha calado en nuestra sociedad.Hasta hace poco tiempo, la programación televisiva se mantenía en esa línea: en estas fechas procuraba incluir filmes religiosos -que relatan la vida de Jesús o la de los primeros cristianos- para recordar a los espectadores los acontecimientos que estábamos celebrando. Últimamente, sin embargo, las parrilas de las cadenas se han distanciado un tanto de lo que conmemoramos en la Semana Santa. Y como, al haber más tiempo libre, muchas familias piensan en ver películas enriquecedoras, aptas para todos los públicos y que a la vez evoquen los acontecimientos de la Pasión, he pensado en publicar esta selección de películas, que están en los cines o que pueden encontrarse en cualquier video-club o videoteca municipal.En otros lugares he publicado “Las 10 mejores películas sobre Jesús de Nazaret“, “Las 100 películas más inspiradoras de la historia” o “Las 100 mejores películas católicas“. Ahora propongo un elenco con 3 listados de filmes: 5 sobre la vida de Jesús, 4 sobre los primeros cristianos y 6 películas recientes con valores (en los cines o en DVD). El próximo domingo publicaré otro listado con “Siete películas sobre la Pasión de Cristo”, y ahí comentaré más extensamente algunas que aquí señalo. Espero que la de hoy os sirva para programar el cine de las próximas semanas:

a) Vida de Jesús:
- Jesús de Nazaret (Italia, 1977), de F. Zeffirelli. Mini-serie en 4 capítulos. Todos.
- Jesús (Italia, 1999), de R. Young. Mini-serie en 2 capítulos. Para jóvenes.
- El hombre que hacía milagros (2000), de Derek W. Hayes y Stanislav Sokolov. Animación en 3-D. Para toda la familia, gustará mucho a los niños.
- La pasión de Cristo (USA, 2004), de Mel Gibson. Para jóvenes y mayores.
- Ben Hur (USA, 1959), de William Wyler. Un clásico de la Semana Santa, con dos breves apariciones de Jesús que transforman la vida de Judá Ben Hur.

b) Primeros cristianos:
- Quo Vadis (1951), de Mervyn LeRoy (con Robert Taylor y Deborah Kerr)
- La túnica sagrada (1953), de Henry Koster (con Richard Burton y J. Simmons)
- Barrabás (1962), de Richard Fleischer (con Anthony Quinn y Vittorio Gassman)
- En busca de la tumba de Cristo (2007), de Guilio Base (con D. Liotti, Ornella Muti, F. Murray Abraham, Mónica Cruz y Max von Sydow)

Alfonso Méndiz en jesucristoenelcine.blogspot.com.es





Los orígenes de la Semana Santa

22 03 2013

¿CÓMO VIVÍAN LOS PRIMEROS CRISTIANOS LA SEMANA SANTA?

Es el punto culminante de todo el año litúrgico

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Durante el santo Triduo
Pascual de la Pasión y 

Resurrección del Señor, 
la Iglesia conmemora
los grandes acontecimientos
que jalonaron los últimos
días del Señor. 

.

EL TRIDUO PASCUAL

La expresión Triduo pascual, aplicada a las fiestas anuales de la Pasión y Resurrección, es relativamente reciente, pues no se remonta más allá de los años treinta de nuestro siglo; pero ya a finales del siglo IV San Ambrosio hablaba de un Triduum Sacrum para referirse a las etapas del misterio pascual de Cristo que, durante tres díaset passus est, et quievit et resurrexit.

Deslumbrada por la realidad histórica de la muerte de Cristo, la primitiva Iglesia advirtió la necesidad de celebrar litúrgicamente este hecho salvífico, por medio de un rito memorial, donde, en obediencia al mandato expreso del Señor, se renovara sacramentalmente su sacrificio.

De este modo, durante los primeros compases de la vida de la Iglesia, la Pascua del Señor se conmemoraba cíclicamente, a partir de la asamblea eucarística convocada el primer día de la semana, día de la resurrección del Señor (dominicus dies) o domingo.

CORONA_ESPINASY, muy pronto, apenas en el siglo II, comenzó a reservarse un domingo particular del año para celebrar este misterio salvífico de Cristo.

Llegados a este punto, el nacimiento del Triduo Pascual era sólo cuestión de tiempo, cuando la Iglesia comenzase a revivir los misterios de Cristo de modo histórico, hecho que acaeció, por primera vez en Jerusalén, donde aún se conservaba la memoria del marco topográfico de los sucesos de la pasión y glorificación de Cristo.

De todos modos, en el origen de la celebración pascual, tampoco puede subestimarse la benéfica influencia de la respuesta dogmática y litúrgica de la ortodoxia frente a la herejía arriana; reacción que supuso una atracción de la piedad de los fieles hacia la persona de Jesús (Hijo de Dios e Hijo de María), y hacia sus hechos históricos.

Cada celebración del Triduo presenta su fisonomía particular: la tarde del Jueves Santo conmemora la institución de la Eucaristía; el Viernes se dedica entero a la evocación de la Pasión y Muerte de Jesús en la cruz; durante el sábado la Iglesia medita el descanso de Jesús en el sepulcro. Por último, en la Vigilia Pascual, los fieles reviven la alegría de la Resurrección.

JUEVES SANTO

ultima_cenaLa Misa vespertina in Cena Domini abre el Triduo Pascual. La iglesia de Jerusalén conocía ya, en el siglo IV, una celebración eucarística conmemorativa de la Última Cena, y la institución del sacramento del sacrificio de la Cruz:

Al principio, esta celebración se desarrollaba sobre el Gólgota, en la basílica del Martyrion, al pie de la Cruz, y no en el Cenáculo; hecho que confirma la íntima relación entre la celebración eucarística y el sacrificio de la Cruz.

finales del siglo IV, esta tradición se vivía también en numerosas iglesias de occidente, pero habrá que esperar hasta el siglo VII para encontrar los primeros testimonios romanos.

VIERNES SANTO: CELEBRACIÓN DE LA PASIÓN DEL SEÑOR

Cristo_crucificadoEl Viernes Santo conmemora la Pasión y Muerte del Señor. Dos documentos de venerable antigüedad (la Traditio Apostolica de San Hipólito y la Didaskalia Apostolorum,ambas del siglo III) testimonian como práctica común entre los cristianos el gran ayuno del Viernes y Sábado previos a la Vigilia Pascual.

Sin embargo, habrá que esperar hasta finales del siglo IV d.C. para encontrar, en Jerusalénlas primeras celebraciones litúrgicas de la Pasión del Señor: se trataba de una jornada dedicada íntegramente a la oración itinerante; los fieles acudían del Cenáculo (donde se veneraba la columna de la flagelación) al Gólgota, donde el obispo presentaba el madero de la Cruz. Durante las estaciones se leían profecías y evangelios de la Pasión, se cantaban salmos y se recitaban oraciones.

Los testimonios más antiguos de una liturgia de Viernes Santo en Roma proceden del siglo VII.
Manifiestan dos tradiciones distintas, y nos han llegado a través del Sacramentario Gelasiano (oficio presbiteral con adoración de la cruz, liturgia de la palabra y comunión con los presantificados) y el Sacramentario Gregoriano (liturgia papal, limitada a lecturas bíblicas y plegaria universal).

SÁBADO SANTO

descendimientoEn los primeros siglos de historia de la Iglesia, el Sábado Santo se caracterizaba por ser un día de ayuno absoluto, previo a la celebración de las fiestas pascuales.
Pero a partir del siglo XVI, con la anticipación de la Vigilia a la mañana del sábado, el significado litúrgico del día quedó completamente oscurecido, hasta que las sucesivas reformas de nuestro siglo le han devuelto su originaria significación.
El Sábado Santo debe ser para los fieles un día de intensa oración, acompañando a Jesús en el silencio del Sepulcro.

VIGILIA PASCUAL

La celebración litúrgica de la Pascua del Señor se encuentra en los orígenes mismos del culto cristiano. Desde la generación apostólica, los cristianos conmemoraron semanalmente la Resurrección de Cristo, por medio de la asamblea eucarística dominical.

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Además, ya en el siglo II, la Iglesia celebra una fiesta específica como memoria actual de la Pascua de Cristo, aunque las distintas tradiciones subrayen uno u otro contenido pascual:

Pascua-Pasión (se celebraba el 14 de Nisán, según el calendario lunar judío, y acentuaba el hecho histórico de laCruz) y Pascua-Glorificación, que, privilegiando la resurrección del Señor, se celebraba el domingo posterior al 14 de Nisán, día de la Resurrección de Cristo.

Esta última práctica se impuso en la Iglesia desde comienzos del siglo III.

La Noche Santa (San Agustín la llama la “madre de todas las vigilias”) culmina el Santo Triduo e inicia el tiempo pascual, celebrando la Gloria de la Resurrección del Señor.

De aquí que su contenido teológico encierre el misterio de Cristo Salvador y del cristiano salvado. Ello explica que, desde los primeros siglos, se celebrase el bautismo de los catecúmenos en la Vigilia Pascual.

Como ya indica San Agustín en sus Sermones (220-221), toda la celebración de esta Vigilia Sagrada debe hacerse en la noche, de tal modo que o bien comience después de iniciada la noche, o acabe antes del alba del domingo.

La Vigilia Pascual se convierte en el punto central donde confluyen las celebraciones anuales de los misterios de la vida de Cristo.





El Papa celebrará la misa del Jueves Santo en un centro de reclusión de menores

21 03 2013

El verdadero poder no se manifiesta con dinero o influencia, sino en el servicio.

21 de marzo, 2013. (Romereports.com)
Los primeros días de pontificado presentan otra sorprendente novedad: el Vaticano ha anunciado que el papa Francisco celebrará la misa del Jueves Santo junto a los presos. El 28 de marzo por la tarde el Papa visitará el Casal del Marmo, una cárcel para menores de Roma.
No es la primera vez que un Papa acude a esta prisión, Benedicto XVI acudió el 18 de marzo de 2007, y celebró la misa en la capilla de la cárcel.
El Jueves Santo se conmemora la Última Cena y el momento en el que Jesús lavó los pies a sus discípulos, para mostrarles la importancia de servir con humildad. De hecho, el Papa Francisco tiene previsto lavar los pies de algunos de los reclusos.
Cuando era arzobispo de Buenos Aires, el cardenal Bergoglio celebraba la misa del Jueves Santo en prisiones, hospitales o con grupos marginados. Como Papa, mantiene esa tradición.
En los primeros días de su pontificado, el Papa Francisco destacó su predilección por los pobres, y dijo que el verdadero poder no se manifiesta con dinero o influencia, sino en el servicio.




Patriarca Bartolomé propone al Papa celebrar juntos en Jerusalén los 50 años de buenas relaciones

21 03 2013

Papa Francisco: «El hombre no es solo lo que produce y consume»

El nuevo Pontífice advierte ante los representantes de las demás confesiones cristianas y de las demás religiones el peligro de alejarse de Dios

Alessandro Speciale (vatican insider)

Lo esperaron casi durante media hora, sentados en círculo, como hermanos, en la Sala Clementina del Vaticano. Pero no pesó la espera entre los representantes de las Iglesias cristianas y de las demás religiones que vinieron a Roma para la Misa del Inicio del Ministerio Petrino del martes pasado.

El nuevo Papa pronunció ante los representantes de estas confesiones las palabras que esperaban escuchar: «Quiero asegurar, siguiendo la huella de mis venerables predecesores, la firme voluntad de proseguir por el camino ecuménico», siguiendo lo que indicó el Concilio Ecuménico Vaticano II, al que se refirió en diferentes ocasiones el Papa Francisco.

A su llegada, el Pontífice saludó al Patriarca Ortodoxo Ecuménico de Constantinopla, Bartolomeo I, «mi hermano Andrés», porque si el Papa es el heredero del apóstol Pedro, el Patriarca Ecuménico lo es del apóstol Andrés.

Antes de la audiencia colectiva, el Papa Francisco y Bartolomeo I tuvieron un encuentro de alrededor de 20 minutos. Después el Pontífice recibió al “ministro del exterior” del Patriarcado de Moscú, Hilarion de Volokolamsk, que le entregó un mensaje de parte del Patriarca Kirill.

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Después, ante todos los representantes reunidos, el Papa afirmó que gracias a la presencia en la Misa de ayer de todos los representantes de las diversas comunidades se sentía «de forma todavía más fuerte la oración por la unidad entre los creyentes en Cristo y, al mismo tiempo, se podía entrever, de alguna manera, su realización plena que depende del plan de Dios y de nuestra leal colaboración».

«Inicio mi ministerio apostólico – prosiguió – en este año que mi venerado predecesor, el Papa Benedicto XVI, con intuición verdaderamente inspirada, ha proclamado Año de la Fe para la Iglesia Católica. Con esta iniciativa, que quiero continuar y espero que sirva de estímulo para el camino de fe de todos, quiso conmemorar el cincuenta aniversario del Concilio Vaticano II, proponiendo una especie de peregrinación a lo que es esencial para todo cristiano : la relación personal y transformadora con Jesucristo, Hijo de Dios, muerto y resucitado por nuestra salvación. En el deseo de proclamar a los hombres de nuestro tiempo este tesoro de la fe siempre válido estriba el fulcro del mensaje conciliar».

El Papa también exhortó a los líderes de las diferentes religiones y de las confesiones cristianas que el «mejor servicio a la causa de la unidad de los cristianos; un servicio de esperanza para un mundo todavía marcada por la división, los contrastes y las rivalidades».

Al concluir su discurso en nuevo Pontífice invitó a «mantener viva en el mundo la sed de absoluto, no permitiendo que prevalezca una visión de la persona humana unidimensional según la cual el hombre se reduce a lo que produce y lo que consume: se trata de una de las trampas más peligrosas de nuestro tiempo».

Francisco, dirigiéndose a los representantes del pueblo judío, subrayó «el vínculo espiritual tan especial» que tienen con los cristianos. Y, citando el decreto Nostra Aetate del Concilio Vaticano dijo: «La Iglesia de Cristo reconoce que los comienzos de su fe y de su elección se encuentran ya en los Patriarcas, en Moisés y los Profetas, conforme al misterio salvífico de Dios». «Confío – continuó- que con la ayuda del Altísimo, proseguiremos provechosamente el diálogo fraterno que el Concilio deseaba y que, se ha realizado efectivamente, dando no pocos frutos especialmente durante las últimas décadas».

El Papa saludó después a los pertenecientes a otras tradiciones religiosas, en primer lugar a los musulmanes «que adoran al Dios, único viviente y misericordioso, y lo invocan en la oración». Y, dirigiéndose a todos los presentes exclamó: «Realmente aprecio vuestra presencia: veo en ella una nueva voluntad de crecer en la estima mutua y en la cooperación para el bien común de la humanidad».





Evangelización y reforma, desafíos del Papa Francisco

20 03 2013

Ya sabemos cuáles serán el estilo y las prioridades del Papa Francisco

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Diego Contreras (Roma)

Pues sí, también yo he escrito sobre los desafíos con los que se enfrenta el Papa Francisco. La idea ha sido poner juntas una serie de tareas pendientes y de señales, sin la pretensión -obviamente- de ir más allá (posiblemente en la misa de inicio del ministerio petrino tendremos una idea más completa). El texto largo se publicó ayer en La Tercera, de Santiago de Chile (ciudad que, por desgracia, he visitado solo una vez). Rescato aquí abajo algunos puntos.

Por la elección del nombre, ya sabemos cuáles serán el estilo y las prioridades de Francisco: una atención privilegiada hacia los pobres y humildes, una predilección por la sencillez evangélica, por la predicación directa e inmediata. Y un énfasis en la caridad, que no es mera filantropía sino algo que cambia, en primer la lugar, la vida de quien la practica (y señal de garantía de la identidad católica). El Papa Francisco ha dejado claro desde el primer momento que su misión esencial es presentar a Cristo al hombre de hoy.

Desde hace años, la Iglesia está siendo noticia con frecuencia por cuestiones que no tienen nada que ver con su misión o, peor aún, que suponen incluso la negación de su misión. Aunque esos problemas (abusos, escándalos de diverso tipo) impliquen directamente a una minoría, el impacto es grande. Benedicto XVI llegó a afirmar que los principales problemas para la Iglesia no eran las violentas persecuciones exteriores, sino la falta de fidelidad de sus miembros. Existe una percepción ampliamente difundida de la necesidad de una profunda renovación y conversión a todos los niveles.

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Me parece que una primera lectura del “mensaje” que supone la elección del Papa Francisco es precisamente resaltar la necesidad de purificación en la Iglesia, empezando por las personas (obispos, sacerdotes y laicos) y siguiendo con las estructuras. Los cardenales consideraron que esa es la tarea prioritaria y que el candidato idóneo para lanzar ese mensaje fuerte era el cardenal Bergoglio, quien con sus 76 años cuenta con el necesario “vigor físico y fuerza de ánimo”. Han elegido a un testigo.

La renuncia de Benedicto XVI ha puesto en primer plano el papado visto como servicio. Cabe esperar un desarrollo en el modo de ejercer el ministerio petrino en el que se distinga siempre mejor lo esencial de lo accesorio. Está claro que el momento actual, “sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe” (como dijo Benedicto XVI), exige un Papa capaz de tener en mano el timón de la barca. Para eso, habría que liberarle de otras tareas secundarias.

Benedicto XVI comenzó y acabó su pontificado afirmando que la Iglesia está viva. Pienso que esta capacidad para saber renovarse sin perder su identidad es una clara manifestación de la verdad de esas palabras.

http://www.laiglesiaenlaprensa.com





Homilía del Papa en la Misa de Inicio del Pontificado: “Custodiad a cada persona”

19 03 2013

¿Cómo vive José su vocación como custodio de María, de Jesús, de la Iglesia? Con la atención constante a Dios, abierto a sus signos, disponible a su proyecto, y no tanto al propio.

 

19 de marzo, 2013. (Romereports.com)

El papa Francisco ha pronunciado la homilía de la Misa de Inicio de pontificado en la que ha invitado a todos a ser “custodios de la Creación” como San José fue custodio de la Sagrada Familia.


VER TEXTO COMPLETO DE LA HOMILÍA EN ESPAÑOL:

Queridos hermanos y hermanas

Doy gracias al Señor por poder celebrar esta Santa Misa de comienzo del ministerio petrino en la solemnidad de san José, esposo de la Virgen María y patrono de la Iglesia universal: es una coincidencia muy rica de significado, y es también el onomástico de mi venerado Predecesor: le estamos cercanos con la oración, llena de afecto y gratitud.

Saludo con afecto a los hermanos Cardenales y Obispos, a los presbíteros, diáconos, religiosos y religiosas y a todos los fieles laicos. Agradezco por su presencia a los representantes de las otras Iglesias y Comunidades eclesiales, así como a los representantes de la comunidad judía y otras comunidades religiosas. Dirijo un cordial saludo a los Jefes de Estado y de Gobierno, a las delegaciones oficiales de tantos países del mundo y al Cuerpo Diplomático.

Hemos escuchado en el Evangelio que «José hizo lo que el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer» (Mt 1,24). En estas palabras se encierra ya la la misión que Dios confía a José, la de ser custos, custodio. Custodio ¿de quién? De María y Jesús; pero es una custodia que se alarga luego a la Iglesia, como ha señalado el beato Juan Pablo II: «Al igual que cuidó amorosamente a María y se dedicó con gozoso empeño a la educación de Jesucristo, también custodia y protege su cuerpo místico, la Iglesia, de la que la Virgen Santa es figura y modelo» (Exhort. ap. Redemptoris Custos, 1).

¿Cómo ejerce José esta custodia? Con discreción, con humildad, en silencio, pero con una presencia constante y una fidelidad total, aun cuando no comprende. Desde su matrimonio con María hasta el episodio de Jesús en el Templo de Jerusalén a los doce años, acompaña en todo momento con esmero y amor. Está junto a María, su esposa, tanto en los momentos serenos de la vida como los difíciles, en el viaje a Belén para el censo y en las horas temblorosas y gozosas del parto; en el momento dramático de la huida a Egipto y en la afanosa búsqueda de su hijo en el Templo; y después en la vida cotidiana en la casa de Nazaret, en el taller donde enseñó el oficio a Jesús

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¿Cómo vive José su vocación como custodio de María, de Jesús, de la Iglesia? Con la atención constante a Dios, abierto a sus signos, disponible a su proyecto, y no tanto al propio; y eso es lo que Dios le pidió a David, como hemos escuchado en la primera Lectura: Dios no quiere una casa construida por el hombre, sino la fidelidad a su palabra, a su designio; y es Dios mismo quien construye la casa, pero de piedras vivas marcadas por su Espíritu. Y José es «custodio» porque sabe escuchar a Dios, se deja guiar por su voluntad, y precisamente por eso es más sensible aún a las personas que se le han confiado, sabe cómo leer con realismo los acontecimientos, está atento a lo que le rodea, y sabe tomar las decisiones más sensatas. En él, queridos amigos, vemos cómo se responde a la llamada de Dios, con disponibilidad, con prontitud; pero vemos también cuál es el centro de la vocación cristiana: Cristo. Guardemos a Cristo en nuestra vida, para guardar a los demás, salvaguardar la creación.

Pero la vocación de custodiar no sólo nos atañe a nosotros, los cristianos, sino que tiene una dimensión que antecede y que es simplemente humana, corresponde a todos. Es custodiar toda la creación, la belleza de la creación, como se nos dice en el libro del Génesis y como nos muestra san Francisco de Asís: es tener respeto por todas las criaturas de Dios y por el entorno en el que vivimos. Es custodiar a la gente, el preocuparse por todos, por cada uno, con amor, especialmente por los niños, los ancianos, quienes son más frágiles y que a menudo se quedan en la periferia de nuestro corazón. Es preocuparse uno del otro en la familia: los cónyuges se guardan recíprocamente y luego, como padres, cuidan de los hijos, y con el tiempo, también los hijos se convertirán en cuidadores de sus padres. Es vivir con sinceridad las amistades, que son un recíproco protegerse en la confianza, en el respeto y en el bien. En el fondo, todo está confiado a la custodia del hombre, y es una responsabilidad que nos afecta a todos. Sed custodios de los dones de Dios.

Y cuando el hombre falla en esta responsabilidad, cuando no nos preocupamos por la creación y por los hermanos, entonces gana terreno la destrucción y el corazón se queda árido. Por desgracia, en todas las épocas de la historia existen «Herodes» que traman planes de muerte, destruyen y desfiguran el rostro del hombre y de la mujer.

Quisiera pedir, por favor, a todos los que ocupan puestos de responsabilidad en el ámbito económico, político o social, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad: seamos «custodios» de la creación, del designio de Dios inscrito en la naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente; no dejemos que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro. Pero, para «custodiar», también tenemos que cuidar de nosotros mismos. Recordemos que el odio, la envidia, la soberbia ensucian la vida. Custodiar quiere decir entonces vigilar sobre nuestros sentimientos, nuestro corazón, porque ahí es de donde salen las intenciones buenas y malas: las que construyen y las que destruyen. No debemos tener miedo de la bondad, más aún, ni siquiera de la ternura.

Y aquí añado entonces una ulterior anotación: el preocuparse, el custodiar, requiere bondad, pide ser vivido con ternura. En los Evangelios, san José aparece como un hombre fuerte y valiente, trabajador, pero en su alma se percibe una gran ternura, que no es la virtud de los débiles, sino más bien todo lo contrario: denota fortaleza de ánimo y capacidad de atención, de compasión, de verdadera apertura al otro, de amor. No debemos tener miedo de la bondad, de la ternura.

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Hoy, junto a la fiesta de San José, celebramos el inicio del ministerio del nuevo Obispo de Roma, Sucesor de Pedro, que comporta también un poder. Ciertamente, Jesucristo ha dado un poder a Pedro, pero ¿de qué poder se trata? A las tres preguntas de Jesús a Pedro sobre el amor, sigue la triple invitación: Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas. Nunca olvidemos que el verdadero poder es el servicio, y que también el Papa, para ejercer el poder, debe entrar cada vez más en ese servicio que tiene su culmen luminoso en la cruz; debe poner sus ojos en el servicio humilde, concreto, rico de fe, de san José y, como él, abrir los brazos para custodiar a todo el Pueblo de Dios y acoger con afecto y ternura a toda la humanidad, especialmente los más pobres, los más débiles, los más pequeños; eso que Mateo describe en el juicio final sobre la caridad: al hambriento, al sediento, al forastero, al desnudo, al enfermo, al encarcelado (cf. Mt 25,31-46). Sólo el que sirve con amor sabe custodiar.

En la segunda Lectura, san Pablo habla de Abraham, que «apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza» (Rm 4,18). Apoyado en la esperanza, contra toda esperanza. También hoy, ante tantos cúmulos de cielo gris, hemos de ver la luz de la esperanza y dar nosotros mismos esperanza. Custodiar la creación, cada hombre y cada mujer, con una mirada de ternura y de amor; es abrir un resquicio de luz en medio de tantas nubes; es llevar el calor de la esperanza. Y, para el creyente, para nosotros los cristianos, como Abraham, como san José, la esperanza que llevamos tiene el horizonte de Dios, que se nos ha abierto en Cristo, está fundada sobre la roca que es Dios.

Custodiar a Jesús con María, custodiar toda la creación, custodiar a todos, especialmente a los más pobres, custodiarnos a nosotros mismos; he aquí un servicio que el Obispo de Roma está llamado a desempeñar, pero al que todos estamos llamados, para hacer brillar la estrella de la esperanza: protejamos con amor lo que Dios nos ha dado.

Imploro la intercesión de la Virgen María, de san José, de los Apóstoles san Pedro y san Pablo, de san Francisco, para que el Espíritu Santo acompañe mi ministerio, y a todos vosotros os digo: Orad por mí. Amen.








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