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¿Sabes quién era Santa Águeda?

Santa ÁGUEDA, virgen y mártir

Su nombre aparece en el Canon Romano

Santa Águeda La fama de su virtud heroica- virginidad consciente y constante, puesta a prueba de mil modos insinuantes y coercitivos- se extendió por toda la cristiandad y se confirmó por diversos prodigios después de su muerte.
Santa Águeda

Su fiesta se celebra el 5 de febrero

Vida

Santa Águeda fue una joven cristiana de Catania (o Palermo), en la isla de Sicilia, que murió mártir en el siglo III. Prometida en matrimonio a Quinciano, gobernador de la isla, ella no acepta por haberse consagrado a Dios desde su infancia.

Santa Águeda en prisión
Santa Águeda en prisión

A partir de esta negativa las fuentes nos hablan de distintas pruebas que culminaron en su martirio durante la persecución de Decio (Passio Santa Agathae), o durante la de Diocleciano (Aldelmo, De laudibus virginitatis, cap. 42: PL 89, 142). Son, pues, inciertas las fechas de su nacimiento y de su muerte (ca. 251).

El proceso de su martirio se narra en la Passio Santa Agathae. Ante la primera negativa a los requerimientos del gobernador, Águeda es encomendada a una tal Afrodisia que trata de persuadirla durante 30 días. Presentada de nuevo ante el tribunal de Quinciano, se declara cristiana y es condenada a prisión.

Después de algunos días la llevan nuevamente al tribunal y la someten a nuevo interrogatorio. Vuelve a rehusar, haciendo profesión de su fe en Cristo.

Su actitud provoca la ira del gobernador, quien ordena le arranquen los pechos, y la envía una vez más a prisión.

En esta etapa de su encarcelamiento recibe la visita milagrosa y confortante del apóstol San Pedro. La constancia de Águeda encuentra réplica en la tozudez de Quinciano, que vuelve a la carga, haciéndole renovadas instancias y disponiendo, finalmente, suplicios que le acarrearon la muerte.

La fama de su virtud heroica- virginidad consciente y constante, puesta a prueba de mil modos insinuantes y coercitivos- se extendió por toda la cristiandad y se confirmó por diversos prodigios después de su muerte.

EL CULTO A SANTA ÁGUEDA

Icono de Santa Águeda
Icono de Santa Águeda

El fervor popular la constituyó patrona de Catania y abogada en las erupciones del Etna. Más adelante se le consideró abogada en caso de incendio.

Finalmente, y por una extensión fácilmente comprensible, pasó a invocarse como patrona de los constructores de campanas (éstas anunciaban la aparición de un fuego).

Las reliquias de Santa Águeda se conservaron primero en Catania, mas, por temor a la profanación sarracena, fueron trasladadas a Constantinopla, de donde se rescataron definitivamente en 1126.

Hay constancia de su culto muy difundido en diversos documentos y monumentos: varias iglesias reciben su nombre. Aparece en el Martirologio Jeronimiano, en el Calendario Cartaginés, y en el Calendario Mozarábigo, en las Sinaxis griegas, y también se inserta su nombre en el Canon de la Misa, probablemente por intervención directa del papa San Gregorio (cfr. J. Jungmann, El sacrificio de la Misa, Madrid 1953, 937).

Los documentos litúrgicos de los siglos VI al X fijan la fecha de celebración de su festividad el 5 de febrero.

El documento fontal más abundante relacionado con su martirio es la Passio Santa Agathae. Existen de esta narración varias recensiones, una latina y dos griegas, que se remontan a una recensión original común del siglo VI que suscita la sospecha de los estudiosos a la hora de pronunciarse sobre su valor histórico.

Ello no obstante, puede afirmarse sin ningún género de duda que, en fuerza de los testimonios monumentales y litúrgicos aducidos, son absolutamente seguros desde el punto de vista histórico tanto el hecho de su martirio y del culto que se le tributó desde muy pronto, como también el lugar de su muerte, aunque algunas particularidades que se dicen acompañaron a su martirio resulten dudosas.

F. MENDOZA RUIZ, (G.E.R.)

La vocación en los primeros cristianos

EL SÍGUEME DE SIMÓN, ANDRÉS, SANTIAGO Y JUAN

Más acerca de la vocación: La vocación

Lago Genesaret

Jesús había dejado a Juan, Andrés, Santiago, Simón, Felipe y Natanael con una inquietud en el alma. Ahora creen, pero viven igual que antes.

Su fe es una semilla que aún debe germinar. Saben que tienen que hacer algo, pero no saben qué.

Entonces llega Jesús donde ellos trabajan, acude a buscarlos junto al lago de Genesaret. Este lago es un lugar privilegiado de la naturaleza. Sus medidas son de veinte y diez kilómetros, entre su longitud máxima y su anchura. Ni demasiado grande, ni demasiado pequeño. Lo suficiente para una medida humana y acogedora. Sus aguas dulces son fruto de las altas cumbres del monte Hermón, y las vierte, a su vez, en el Jordán.

Le rodea una vegetación arborada y su entorno son prados. En las épocas primaverales la pradera se llenan de pequeñas flores que le dan un agradable colorido. La temperatura es deliciosa, ya que es un clima levantino algo alejado de la costa, con vientos provenientes de las cercanas montañas, que atemperan las épocas más calurosas. Los puertos de pescadores se suceden a poca distancia unos de otros, pues la pesca es abundante.

Por su emplazamiento, es un lugar donde los hombres pueden vivir a gusto, sin las agresiones del excesivo frío o del calor fuerte, con agua y con luz.

Se presta a estar largos ratos al aire libre en conversación amistosa; y las pocas lluvias favorecen más aún estas reuniones con el cielo por techo y sentados en la hierba.

Alrededor del lago, a una cierta distancia, se elevan pequeñas colinas desde las que de una mirada se domina todo el lago; las puestas de sol invitan a la oración y a agradecer a Dios la belleza de lo creado.

Nazaret está relativamente cerca, aunque alejada de sus orillas; entre las poblaciones que se encuentran allí se puede contar: Betsaida – lugar de nacimiento de Pedro, Juan, Felipe, Andrés y Santiago-; Cafarnaúm -donde vivían Pedro y Andrés cuando Jesús les llamó definitivamente-; Magdala -lugar de la conversión de la mujer pecadora; Tabigha -donde se realizó la segunda pesca milagrosa, la de los 153 peces grandes bien contados-; Tiberíades -localidad romana de mala fama entre los judíos-, y pequeños puertos de pescadores.

Este es el marco del segundo encuentro de Jesús con algunos de sus futuros apóstoles. La semilla dejada en su alma en el primer encuentro con el Señor va a dar aquí su primer fruto.

Los seis primeros, después de hablar con Jesús, volvieron a sus casas con la inquietud en el alma. No pueden ser indiferentes a lo que han visto y oído. El encuentro con Cristo había sido muy intenso. Jesús había entrado en sus almas hasta lo más hondo.

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