Entrevista al profesor Claudio Basevi

“HAY QUE AFIRMAR CON SAN PABLO LA LIBERTAD DE LOS HIJOS DE DIOS”

PROFESOR DE TEOLOGÍA DE LA UNIVERSIDAD DE NAVARRA Y EXPERTO EN TEMAS PAULINOS

San Pablo

Con ocasión de las últimas semanas del Año de San Pablo, hemos decidido preguntar a Claudio Basevi, experto en temas paulinos, sobre algunos de los principales puntos de la enseñanza del Apóstol de las Gentes: cómo entiende éste la Redención, la importancia de la filiación divina…


– ¿CÓMO EXPLICA SAN PABLO EL MISTERIO DE LA REDENCIÓN?

Casi todos los estudiosos están de acuerdo en que la preocupación fundamental de San Pablo es enseñar y explicar en qué consiste y cómo se puede conseguir la “justificación”. Ésta consiste en el paso de la situación histórica del hombre, que, por efecto del pecado de Adán, está alejado de Dios y es “hijo de la ira de Dios”, a la nueva condición (la “nueva criatura”) que Cristo le comunica a través de la fe y del bautismo: ser hijo de Dios, coheredero con Cristo y “reconciliado” con Dios.

Se puede decir que lo que Pablo anuncia es el itinerario personal y comunitario “per Christum ad Deum”. Es éste un itinerario marcado por varios términos teológicos, con raíces en el Antiguo Testamento: se trata de una “reconciliación” (restablecer la amistad), de una “redención” o “rescate” (pagar la deuda) y de la remisión de los pecados.

En otros términos, San Pablo ofrece una visión “dramática” de la historia humana: después de Adán los hombres no tenían esperanza de reconciliarse con Dios; pero Dios, dives in misericordia, “que quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”, envió a su Hijo primogénito, para que, con su sacrificio, nos abriera el camino de la salvación y de la gloria.


– ¿CÓMO AFECTA ESTO A LA VIDA DEL CRISTIANO?

A nosotros nos toca no sólo saber esto, sino “vivirlo”. ¿Cómo? A través de la oración, los sacramentos y el ejercicio de la caridad. A diferencia del judaísmo, no son las obras en sí las que salvan, sino la fe que se vierte en obras gracias a la caridad. Todo es iniciativa de Dios: Él nos llama, nos da la gracia, asegura nuestra perseverancia y nos promete la gloria, pero cuenta con nuestra respuesta libre.

– ¿QUÉ ELEMENTOS INTEGRAN ENTONCES LA IDEA DE LA JUSTIFICACIÓN?

San Pablo
San Pablo

En resumen, en la justificación se dan cita tres factores: el amor de Dios a los hombres, la predestinación positiva y nuestra libre correspondencia.

Ahora bien, hay que entender la predestinación de modo correcto: Dios no fuerza nuestra actuación, ni la impone, sino que nos ofrece la posibilidad de unirnos a Cristo y nos comunica la fuerza para hacerlo.

Así entendida la justificación, resulta evidente el error de Lutero y de Calvino: no hay predestinación a la condenación, sería incompatible con la benignidad de Dios; si nos condenamos es por culpa nuestra, no por una necesidad impuesta.

Queda claro también que la respuesta del hombre no puede ser simplemente la fe (sola fides), sino que ha de ir acompañada y seguida por la caridad.

Frente a Lutero, que hablaba de un “siervo arbitrio” en el hombre natural, hay que afirmar la “libertad de la gloria de los hijos de Dios”.

– ¿QUÉ NOS APORTA ESTE SENTIDO DE FILIACIÓN?

La filiación divina es la consecuencia inmediata de la fe y de la gracia que Dios nos concede. Además de identificarnos con Cristo, nos permite recibir en nuestra alma la Trinidad misma, que “inhabita” en nosotros. Así que el misterio de la salvación se une, a través de la acción de Cristo y del Espíritu Santo, con el misterio de la Trinidad. En definitiva, el recorrido espiritual del cristiano es el de identificarse con Cristo y de recibir en su alma al Espíritu Santo.

Sin embargo, este camino espiritual, propio de todo cristiano (ya que Dios quiere nuestra santificación), no es sólo individual, sino que exige la constitución de un “cuerpo” común, es decir, la comunidad cristiana, la Ecclesía. San Pablo es el primero que enuncia en el Nuevo Testamento la Iglesia como Cuerpo de Cristo y Cristo mismo.

– ¿PODRÍA DESARROLLAR UN POCO MÁS ESTA IDEA DE COMUNIDAD CRISTIANA EN SAN PABLO?

Si la unión con Cristo, personal y comunitaria, constituye el elemento fundamental de la predicación de San Pablo, de ella proceden inmediatamente tres consecuencias:

a) una visión “histórica” de la salvación: desde Adán a Cristo y a las realidades actuales (Iglesia, sacramentos, comunidades cristianas).

b) un mayor relieve dado al aspecto “sacramental” de la Salvación. Cristo mismo, con su Humanidad, es el sacramento por excelencia. También lo es la Iglesia, que es el Cuerpo de Cristo y Cristo mismo. San Pablo subraya varias veces esta unidad que se da en la Iglesia entre todos los creyentes, procedan de donde procedan, porque es, en última instancia, la unidad del Cuerpo de Cristo. Hay dos sacramentos que San Pablo pone de relieve como medios fundamentales para unirse a Cristo y a través de Él, al Padre y al Espíritu Santo: el bautismo y la Eucaristía.

c) A partir de esta noción de la justificación, San Pablo subraya el aspecto “agónico” de la vida humana a través de numerosas metáforas militares, de la lucha y de las competiciones. En primer lugar se puede señalar la dialéctica entre “hombre exterior” y “hombre interior”; “hombre viejo” y “hombre nuevo”; “hombre animal” y “hombre espiritual”. En el hombre hay una lucha entre la “carne” y el “espíritu”.

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