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“Felicitar la Navidad es recordar que Dios nos ama””

Benedicto XVI ante el Niño Jesús

Benedicto XVI: Felicitar la Navidad es recordar que Dios nos ama

Hace unos años Benedic to XVI nos recordaba que felicitar las navidades es recordar que Dios nos ama. Ante la inminente celebración del Nacimiento de Jesús puede ser buena ocasión pensar estas palabras del Papa Emérito.

Benedicto XVI

“Las fiestas que se avecinan están perdiendo progresivamente su valor religioso, es importante que los signos externos de estos días no nos alejen del significado genuino del misterio que celebramos.”

El Papa dijo que la Navidad no es sólo un aniversario, sino la celebración de un misterio que ha marcado y sigue marcando la historia del hombre. Además, recordó a quienes en estas fechas estarán alejados de sus familias o no podrán celebrar la Navidad por problemas económicos. Seguir leyendo “Felicitar la Navidad es recordar que Dios nos ama””

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¿Cómo nació la costumbre de poner el Belén?

¿Cómo nació la costumbre de poner el Belén?

El Papa invita a hacer el Nacimiento en casa. ¿Cómo nació esta costumbre?

En las catacumbas de los primeros cristianos pueden encontrarse imágenes del Nacimiento. Pero a San Francisco de Asís se le considera el primer impulsor de las representaciones.

ROBERTO FABRIZI
ASSOCIAZIONE ITALIANA AMICI DEL PRESEPIO
“En 1223, San Francisco pidió permiso al Papa Honorio III para representar la imagen del nacimiento de Jesús. Aunque no se le puede considerar un Nacimiento ya que sólo estaba el Niño, el buey y el asno”.

Ante el gran número de personas que no sabían leer ni escribir en su época, San Francisco encontró esta solución para explicar el significado de la Navidad. Sin embargo, fue una representación viviente y no un nacimiento con figuras. Hubo que esperar 67 años para ver el primero.

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ENTREVISTA AL CARDENAL D. JULIÁN HERRANZ

“Como los Padres de la Iglesia, Juan Pablo II y Benedicto XVI nos han enseñado a difundir el mensaje de Cristo”

ENTREVISTA AL CARDENAL D. JULIÁN HERRANZ

D. Julián Herranz

Entrevista concedida awww.primeroscristianos.com por el Cardenal Don Julián Herranz, Presidente Emérito del Pontificio Consejo para Interpretación de los Textos Legislativos. Por su cargo, ha tenido la oportunidad de tratar de cerca al Beato Juan Pablo II y al Papa Benedicto XVI.

¿PIENSA USTED QUE LA FIGURA DE LOS PRIMEROS CRISTIANOS ES RELEVANTE HOY EN DÍA?

Me parece que es más que relevante: es absolutamente necesaria. Los cristianos de hoy, para ser verdaderos cristianos, hemos de tener el temple que tuvieron los primeros cristianos, porque se trata de vivir el cristianismo en una sociedad que se parece mucho a aquella a la que ellos se enfrentaron.

Estamos hablando del nacimiento, de la expansión de la Iglesia en medio de la situación social propia del tiempo, es decir, de lo que era el antiguo Imperio Romano. Tanto en el magisterio de los Padres de la Iglesia como en la vida de estos primeros cristianos encontramos dos exigencias fundamentales. Una, crecer en el conocimiento y en el amor de Cristo; y la segunda, tener esa dimensión apostólica y misionera que los primeros cristianos eran conscientes que habían de tener como exigencia del Bautismo, en medio de una sociedad pagana.

 

¿POR QUÉ EL PAPA HABLA TANTO DE LOS PRIMEROS CRISTIANOS?

Pienso que es por esta similitud entre lo que ellos vivieron y los que la Iglesia nos pide a partir del Concilio Vaticano II. El Papa es consciente, y lo repite, que la enseñanza fundamental del Concilio Vaticano II era recordar la llamada universal a la santidad y al apostolado —que encontramos sobre todo en la Constitución Lumen Gentium y en el decreto sobre el apostolado de los laicos Apostolicam Actuositatem, pero en general en el conjunto de los documentos del Concilio Vaticano II—. Esto significa tomar conciencia de la importancia del Bautismo, que es morir y resucitar con Cristo.

Además, nacen del Bautismo los dos derechos y deberes de todo cristiano: el ser santo y el ser apóstol, llamada universal a la santidad y al apostolado. Es la exigencia bautismal de identificarse con Cristo, de imitar a Cristo y conocer su mensaje y, en segundo lugar, de dar a conocer su mensaje, de ser apóstoles. En la vocación cristiana estos dos aspectos están íntimamente relacionados. Por un lado, tenemos la exigencia ascética de ser santos y, por otro, la exigencia misionera de ser apóstol cada uno en el ambiente en que se encuentra por Voluntad de Dios.

 ¿POR QUÉ CONSIDERA USTED, COMO HA DICHO VARIAS VECES, QUE BENEDICTO XVI ES UN PADRE DE LA IGLESIA EN NUESTROS DÍAS?

Vosotros que estudiáis la vida de los primeros cristianos veréis que los padres de la Iglesia tenían como común denominador dos líneas fundamentales de exigencia pastoral. La primera es enseñar a los fieles a conocer, tratar y amar a Cristo;  la segunda es que los fieles tenían que identificarse con Cristo y, para eso, conocer su vida, lo que dijo y lo que hizo. Conocerlo más y amar más. Ellos tenían esa idea clara.

Y es que en el amor a Dios sucede como en el amor humano. Un chico y una chica se buscan, se tratan, se conocen más y de ese conocimiento nace el amor. En el amor divino sucede lo mismo: uno va detrás de Cristo en el Pan y en la Palabra; en la Eucaristía, en el Evangelio; te metes en las escenas del Evangelio, te identificas un poco con los apóstoles y lo vas conociendo, ves qué mirada tenía, la fuerza de su palabra, qué capacidad de amar y de tener paciencia con nuestra debilidad; qué capacidad de entusiasmar, de ser un líder, de llevar detrás a las masas; qué capacidad de abrir los horizontes de la vida eterna, de ser Quien emite luz con lo que dice, “Tú tienes palabras de vida eterna”, le dirán… Unos se escandalizan y se van, pero otros, en cambio, le siguen y se van detrás hasta dar la vida por Él.

Pues los Padres de la Iglesia hacían eso, enamorar de Cristo a los fieles, de tal manera que lo amaban tanto que daban la vida por Él, como vemos que hicieron muchos de los primeros cristianos.

Por otra parte, los Padres de la Iglesia —es la segunda línea fundamental— enseñaban a vivir seriamente el cristianismo dentro de una sociedad pagana. Estas dos cosas son las que está haciendo Benedicto XVI. Incluso personalmente: ahí tenemos esos dos libros sobre Jesús de Nazareth.

He coincidido veintidós años con Benedicto XVI y trabajé veinticuatro años con el ahora Beato Juan Pablo II; cuando me han pedido que resuma la vida de uno y otro en pocas palabras digo que puedo hacerlo en una palabra: enamorados. Y van, como los enamorados, a hablar de su amor por todas partes.

He dicho a los periodistas que ellos escriben todos los récords que ha batido Juan Pablo II: el Papa que más años ha gobernando la Iglesia, que más vueltas ha dado al mundo, el Papa que más millones de fieles ha reunido, que más documentos doctrinales ha publicado, el que más leyes ha promulgado… Pero les he dicho que se olvidan del récord más importante: Juan Pablo II es el Papa que más horas ha pasado delante del Sagrario, hablando con su Amor.

Y después iba a hablar de su Amor, pues el que ama tiene deseos de que también otros amen al objeto de su amor. Fue a hablar de Cristo a todos los areópagos del mundo: al areópago de Atenas, por supuesto —lo cual también es un récord, pues ningún otro Papa había ido allí—, pero también a los otros “areópagos”: la Asamblea General de las Naciones Unidas, el Consejo de Europa y la mitad de los estadios de todo el mundo encontrándose con los jóvenes, que tenían deseos de verle.

Pues eso es lo que hacían los Padres de la Iglesia y lo que el Beato Juan Pablo II y Benedicto XVI nos han enseñado a hacer a los cristianos ahora: conocer a Cristo, tratarle, amarle; y —su otra gran preocupación, como era para los Padres de la Iglesia— enseñar a los cristianos que se movían en la sociedad pagana cómo comportarse siendo fieles a su vocación cristiana para ser fieles y para hacer penetrar las verdades del cristianismo en esa sociedad.

Juan Carlos Carrillo,
José  María Martí,
Ignacio Coloma,
Borja Díaz de Bustamante

 

Primeros Cristianos – Primeros Cristianos.

OCTAVARIO POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2011

Se pide a todos los cristianos redescubrir los valores que constituyen la unidad de la primera comunidad cristiana de Jerusalén.

 

CIUDAD DEL VATICANO, lunes 17 de enero de 2011 (ZENIT.org).

El texto forma parte de los materiales distribuidos por la Comisión Fe y Constitución del Consejo Ecuménico de las Iglesias y el Consejo Pontificio para la promoción de la Unidad de los Cristianos. La base del documento ha sido redactada por un equipo de representantes ecuménicos de Jerusalén.

Benedicto XVI, pidiendo por la unidad de los cristianos en Londres

 

Hace dos mil años, los primeros discípulos de Cristo reunidos en Jerusalén tuvieron la experiencia de la efusión del Espíritu Santo en Pentecostés y han estado reunidos en la unidad que constituye el cuerpo del Cristo. Los cristianos de siempre y de todo lugar ven en este acontecimiento el origen de su comunidad de fieles, llamados a proclamar juntos a Jesucristo como Señor y Salvador. Aunque esta Iglesia primitiva de Jerusalén ha conocido dificultades, tanto exteriormente como en su seno, sus miembros han perseverado en la fidelidad y en la comunión fraterna, en la fracción del pan y en las oraciones.

No es difícil constatar que la situación de los primeros cristianos de la Ciudad Santa se vincula hoy a la Iglesia de Jerusalén. La comunidad actual conoce muchas alegrías y sufrimientos que fueron las de la Iglesia primitiva: sus injusticias y desigualdades, sus divisiones, y también su fiel perseverancia y su consideración de una unidad mayor entre los cristianos.

Las Iglesias de Jerusalén nos hacen actualmente entrever lo que significa luchar por la unidad, incluso en las grandes dificultades. Nos muestran que la llamada a la unidad puede ir bien más allá de las palabras y orientarnos de verdad hacia un futuro que nos haga anticipar la Jerusalén celestial y contribuir a su construcción.

Es necesario el realismo para que esta idea se convierta en realidad. La responsabilidad de nuestras divisiones nos incumbe; son fruto de nuestros propios actos. Debemos transformar nuestra oración, y pedir a Dios transformarnos nosotros mismos para que podamos trabajar activamente para la unidad. Tenemos buena voluntad para pedir por la unidad. Puede que el Espíritu Santo nos anime a nosotros mismos ante el obstáculo de la unidad; ¿nuestra propia soberbia impide la unidad?

La llamada a la unidad llega este año desde Jerusalén, la Iglesia madre, a las Iglesias del mundo entero. Conscientes de sus propias divisiones y de la necesidad de hacer ellas mismas mucho más por la unidad del Cuerpo de Cristo, las Iglesias de Jerusalén piden a todos los cristianos redescubrir los valores que constituyen la unidad de la primera comunidad cristiana de Jerusalén, cuando era asidua a la enseñanza de los Apóstoles y a la comunión fraterna, a la fracción del pan y a las oraciones. He aquí el desafío que tenemos. Los cristianos de Jerusalén piden a sus hermanos y hermanas hacer de esta semana de oración la ocasión de renovar su compromiso para trabajar por un verdadero ecumenismo, arraigado en la experiencia de la Iglesia primitiva.

Cuatro elementos de unidad

Las oraciones de 2011 para la Semana de oración por la unidad de los cristianos han sido preparadas por los cristianos de Jerusalén, que eligieron el tema de los Hechos 2,42: “Eran asiduos a la enseñanza de los apóstoles y a la comunión fraterna, a la fracción del pan y a las oraciones.” Este tema nos recuerda los orígenes de la primera Iglesia de Jerusalén; invita a la reflexión y a la renovación, a una vuelta a los fundamentos de la fe; invita a recordar el tiempo en que la Iglesia era aún indivisa. Cuatro elementos se presentan para meditar este tema; fueron características destacadas de la comunidad cristiana primitiva y son esenciales para la vida de toda comunidad cristiana. En primer lugar, los apóstoles transmitieron la Palabra. En segundo lugar, una de las características destacadas de la primera comunidad que creía cuando se reunía, era la comunión fraterna (koinonia). Una tercera característica de la Iglesia primitiva consistía en celebrar la Eucaristía (la “fracción del pan”), en memoria de la Nueva Alianza que Jesús realizó a través sus sufrimientos, su muerte y su resurrección. El cuarto aspecto era la ofrenda de una oración continua. Estos cuatro elementos son los pilares de la vida de la Iglesia y de su unidad.

La comunidad cristiana de Tierra Santa propone poner de relieve estos elementos fundamentales y ruega a Dios por la unidad y la vitalidad de la Iglesia extendida por el mundo. Los cristianos de Jerusalén invitan a sus hermanas y hermanos en todo el mundo a unirse a su oración en su lucha por la justicia, la paz y la prosperidad de todos los pueblos de esta tierra.

Los temas del OctavarioJerusalén

Un planteamiento de fe puede ser percibido a través de los temas del octavario. Desde su inicio en la habitación superior, la comunidad cristiana primitiva experimenta la efusión del Espíritu Santo, que la vuelve capaz de crecer en la fe y la unidad, en la oración y la acción, para convertirse realmente en la comunidad de la resurrección, unida a Cristo en su victoria sobre todo lo que nos separa unos de otros y de Él. La Iglesia de Jerusalén se transforma así en faro de esperanza, anticipo de la Jerusalén celestial, llamada a reconciliar no solamente nuestras Iglesias sino a todos los pueblos. Este camino es guiado por el Espíritu Santo que conduce a los primeros cristianos al conocimiento de la verdad sobre Jesucristo, y llena a la Iglesia primitiva de signos y maravillas. Prosiguiendo su planteamiento, los cristianos de Jerusalén se reúnen con fervor para escuchar la Palabra de Dios transmitida por la enseñanza de los apóstoles, y se reúnen en la comunión fraterna para celebrar su fe en el sacramento y la oración. Llena de poder y de esperanza en la resurrección, la propia comunidad celebra la certeza de su victoria sobre el pecado y la muerte, para tener el proyecto y el valor de ser ella misma instrumento de reconciliación, capaz de inspirar a todos los pueblos y de llamarles decididamente a superar las divisiones y las injusticias que sufren.

El día primero sitúa los orígenes de la Iglesia madre de Jerusalén y se muestra claramente la continuidad con la Iglesia extendida hoy a través del mundo. Nos recuerda el valor de la Iglesia primitiva que daba fielmente testimonio a la verdad, al igual que hoy nosotros tenemos que trabajar por la justicia tanto en Jerusalén como en el resto del mundo.

El día segundo recuerda que la primera comunidad reunida en Pentecostés se componía de orígenes muy distintos, y que, de la misma manera, se encuentran hoy en la Iglesia de Jerusalén una gran diversidad de tradiciones cristianas. Tenemos presente el desafío de realizar una unidad visible aún más extendida, por los medios que tienen en cuenta nuestras diferencias y nuestras tradiciones.

El día tercero presta atención al aspecto más fundamental de la unidad: la Palabra de Dios comunicada a partir de la enseñanza de los apóstoles. La Iglesia de Jerusalén nos recuerda que, cualesquiera que sean nuestras divisiones, esta enseñanza nos exhorta a que nos gastemos por amor los unos a los otros, y en la fidelidad al único cuerpo que es la Iglesia.

El día cuarto insiste sobre la participación como segunda expresión de la unidad. Sobre el método de los primeros cristianos que ponían todo en común, la Iglesia de Jerusalén pide a todos sus hermanos y hermanas de la Iglesia compartir sus bienes y sus preocupaciones en la alegría y la generosidad de corazón, para que nadie permanezca en la necesidad.

El día quinto se refiere al tercer aspecto de la unidad: la fracción de pan, que nos reúne en la esperanza. Nuestra unidad se extiende más allá de la santa comunión; debe implicar una actitud correcta en cuanto a la vida moral, a la persona humana y al conjunto de la comunidad. La Iglesia de Jerusalén pide a los cristianos unirse en “la fracción del pan”, ya que una Iglesia dividida no puede expresarse con autoridad sobre las cuestiones de justicia y paz.

El día sexto presenta la cuarta característica de la unidad; como la Iglesia de Jerusalén, sacamos nuestra fuerza del tiempo que pasamos orando. Nuestro Padre, muy especialmente, nos llama a todos, débiles o fuertes, tanto en Jerusalén como en el resto del mundo, a trabajar juntos por la justicia, la paz y la unidad para que venga el reino de Dios.

El día séptimo nos lleva más allá de estos cuatro elementos de unidad: la Iglesia de Jerusalén proclama alegremente la resurrección, incluso mientras aguanta el sufrimiento de la cruz. La resurrección de Jesús es para los cristianos de la Jerusalén actual una esperanza y una fuerza que les hace capaces de seguir siendo constantes en su testimonio, y de trabajar por la libertad y la paz en la Ciudad de la paz.

El día octavo concluye el planteamiento sobre una llamada hecha por las Iglesias de Jerusalén en favor de un servicio más extenso: el de la reconciliación. Aunque los cristianos llegasen a la unidad entre ellos, no habrán acabado su trabajo, ya que ellos mismos deben reconciliarse con otros. En el contexto de Jerusalén, se significa entre palestinos e israelíes; en otras comunidades, los cristianos deben buscar la justicia y la reconciliación en el contexto que les es propio.

El tema de cada día se ha elegido no solamente para recordarnos la historia de la Iglesia primitiva, sino también para que las experiencias de los cristianos de la Jerusalén actual estén presentes espiritualmente, y nos inviten a reflexionar a todos sobre la manera en que podemos aprovechar en nuestras comunidades cristianas locales este tipo de experiencia. Durante este planteamiento de ocho días, los cristianos de Jerusalén nos invitan a proclamar y a testimoniar que la unidad -en su pleno sentido de fidelidad a la enseñanza de los apóstoles y a la comunión fraterna, a la fracción del pan y a las oraciones- nos hará capaces de triunfar juntos sobre el mal, no sólo en Jerusalén, sino por todas partes del mundo.

 

 

Visita del Papa a Chipre: un acontecimiento “de gran importancia histórica”

Las autoridades de la República de Chipre consideran que la próxima visita de Benedicto XVI a Chipre, que tendrá lugar del 4 al 6 de junio de 2010, será un acontecimiento “de gran importancia histórica”.

El Papa con el presidente de Chipre
El Papa con el presidente de Chipre

El Papa fue invitado por el presidente Demetris Christofias con motivo de su visita al Vaticano el 27 de marzo de 2009. También ha sido invitado por la Iglesia local.

Según la embajada de Chipre en la Santa Sede, se trata de un “acontecimiento de gran importancia histórica porque es la primera vez que tiene lugar una visita así”.

“El Papa Benedicto XVI tendrá encuentros oficiales -señala un comunicado- con el presidente de la República y con otros representantes del Estado, con el arzobispo de Chipre y con los representantes de la comunidad católica de Chipre”.

“Durante su estancia en Chipre, el Pontífice peregrinará al Pilar de san Pablo en Paphos”, añade.

Una solución a la crisis de Chipre

En su discurso al cuerpo diplomático el 7 de enero de 2008, el Papa evocó la división de la isla, diciendo: “Expreso el deseo de que, en el contexto de la Unión Europea, no se escatimen esfuerzos para encontrar una solución a una crisis que dura demasiado tiempo”.

La ocupación del norte de la isla por el ejército turco constituye uno de los principales obstáculos para la integración de Turquía en la Unión Europea.

En su discurso del 8 de enero de 2009, el Papa apreció esta dirección positiva: “Las aspiraciones a la paz están vivas en Chipre, donde se han reanudado las negociaciones para unas soluciones justas a los problemas relacionados con la división de la isla”.

Por otra parte, el viaje del Papa a Chipre será la ocasión, el 6 de junio, para publicar el Instrumentum laboris de la Asamblea especial del Sínodo de los obispos para Oriente Medio, que se celebrará en el Vaticano del 10 al 24 de octubre de 2010.

El Papa rememora su reciente viaje apostólico al archipiélago

Hoy en la Audiencia General

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 21 de abril de 2010 (ZENIT.org).-

Ofrecemos a continuación el discurso que el Papa Benedicto XVI pronunció hoy durante la Audiencia General, en la Plaza de San Pedro, sobre su reciente viaje apostólico a Malta:

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Queridos hermanos y hermanas,

Como sabéis, el sábado y el domingo pasados realicé un viaje apostólico a Malta, sobre el que quisiera detenerme brevemente hoy. La ocasión de mi visita pastoral ha sido el 1950° aniversario del naufragio del apóstol Pablo en las costas del archipiélago maltés y de su permanencia en esas islas durante casi tres meses. Es un acontecimiento que sucedió en torno al año 60 y que está relatado con abundancia de detalles en el libro de los Hechos de los Apóstoles (caps. 27-28).

Benedicto XVI a su llegada a Malta
Benedicto XVI a su llegada a Malta

Como le sucedió a san Pablo, también yo he experimentado la calurosa acogida de los malteses – verdaderamente extraordinaria – y por esto expreso nuevamente mi más vivo y cordial reconocimiento al Presidente de la República, al Gobierno y a las demás autoridades del Estado, y agradezco fraternalmente a los obispos del país, con todos aquellos que han colaborado en preparar este encuentro festivo entre el Sucesor de Pedro y la población maltesa. La historia de este pueblo desde hace dos mil años es inseparable de la fe católica, que caracteriza su cultura y tradiciones: se dice que en Malta hay 365 iglesias, “una para cada día del año”, ¡un signo visible de esta fe profunda!

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Entrevista al Padre Edmund Power

“San Pablo es una persona que se enamoró del Cristo crucificado sin esperar nada
Abad de San Pablo Extramuros

Abad Edmund Power

El Año Paulino concluirá con el Triduo en honor a San Pedro y San Pablo, del 26 al 29 de junio, que se abrirá con las Vísperas Ecuménicas el 26 de junio a las 18 horas, incluirá celebraciones que presidirán los Cardenales Dias y Rodé y, por supuesto, el Santo Padre estará en la Basílica de San Pablo el 28 de junio para presidir las Primeras Vísperas de la Solemnidad de los Santos Patrones de Roma. La actividad final será la procesión anual de las Cadenas de San Pablo alrededor de la zona de la ciudad que rodea la Basílica, que empezará a las 20 horas el 29 de junio.

Con motivo del final del Año Paulino, http://www.primeroscristianos.com ha realizado una entrevista al Abad de la Abadía de San Pablo Extramuros


– AHORA QUE EL AÑO PAULINO LLEGA A SU FIN, ¿QUÉ BALANCE HACE USTED DE SUS REPERCUSIONES TANTO DENTRO COMO FUERA DE LA IGLESIA?

– Me es difícil responder a esta pregunta desde el punto de vista del mundo entero, pero ciertamente ha habido una respuesta significativa en términos de peregrinos en la Basílica. Sabemos que la idea ha sido bien acogida por cristianos de otras denominaciones; por ejemplo, el Patriarca Ecuménico de Constantinopla proclamó un Año de San Pablo casi al mismo tiempo (de hecho, me parece que abarcó enteramente el año 2008). Lo que se ha notado es el deseo de conocer mejor a San Pablo por parte de mucha gente, con la sensación de que si no lo logran quizá se pierden algo importante.

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